Glorias

       

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III - La escultura de la Virgen del Carmen de Jacinto Pimentel


 

Ángel Mozo Polo 

Académico Correspondiente  de la Real de Bellas Artes de Santa  Isabel de Hungría de Sevilla y Vicesecretario del Ateneo de Cádiz.

Fotografías de Andrés Quijano de Benito

Cádiz,   julio de  2006

          Dentro de la producción estimabilísima de este imaginero en nuestros templos gaditanos - no todas sus obras perduran desgraciadamente entre nosotros - una preciosa y devota muestra es la hermosa imagen que talla en 1638 para ser venerada por su hermandad cuando ésta radicaba en el templo de los padres dominicos, hasta que pasa al nuevo de los carmelitas construido sobre la ermita de la Bendición de Dios, el primer asentamiento de los frailes del Carmelo en Cádiz. 

        Imagen muy intervenida a lo largo de los tres siglos de existencia de la misma, ha sufrido diversas restauraciones y hasta modificaciones para irla adaptando a las modas imperantes y al gusto de los fieles. 

        Siempre hemos dudado de que esta imagen, hoy de candelero, "naciera y fuera concebida por su autor así" y más bien creemos que una posterior intervención le dio no el actual aspecto, que ese es otro triste cantar, sino el que tuvo hasta hace unos años antes de ser sometida a otra intervención..  

        Seguimos creyendo que Jacinto Pimentel, creó una imagen lignaria, de una Virgen al estilo y siguiendo la iconografía de las antiguas representaciones de Ntra. Sra. del Monte Carmelo, es decir, casi una Inmaculada vestida con los hábitos de la orden y sin portar Niño Jesús en sus brazos, pues bien estos se abrían amparando o acogiendo a sus devotos y mostrando el escapulario y el cetro, o bien ambas manos se cruzaban sobre el pecho en una actitud como de recogimiento. Siempre, la cabeza se presenta inclinada, hacia el lado izquierdo, en actitud de acoger súplicas y de devolverlas a los devotos o a las ánimas del purgatorio que, a sus pies, se solían colocar representadas por medio de varias cabecitas o bustos entre las llamas en actitud de oración con las manos juntas o abiertas suplicando la pronta ascensión al cielo. 

       Y tal vez así, ideó Jacinto Pimentel la talla completa de la Virgen del Carmen que, para la hermandad de su nombre, realiza en 1638, así firmada y fechada por el autor. 

       Y así perdura la imagen hasta el siglo  XVIII, en que un escultor jerezano llamado Francisco  Camacho, posible autor del famoso Señor del Prendimiento de la iglesia de Santiago de Jerez, la interviene poniéndole los ojos de cristal y haciéndole nuevas manos tal vez con la intención entonces de hacer de la imagen una Virgen Madre que sostenga al Niño Jesús en brazos sobre su lado  izquierdo. También Camacho, la somete a una restauración... Pero, ¿qué clase  de restauración...?. ¿Es entonces cuando la Virgen es intervenida con cierta radicalización y transformada en imagen de candelero para vestir...? 

       Y este dato, como otros, lo debemos a unos investigadores gaditanos que, a través de libros y artículos, están realizando una magnífica labor. Me refiero - una vez más - tanto a  Carmen Aranda Linares, como a Enrique Hormigo Sánchez como a José Miguel Sánchez Peña, que  en la obra  "Scultura lignea  genovese a Cadice nel settecento", Génova, 1993, han dado a la luz pública estas interesantes notas que aclaran muchas cosas en el campo —extenso  y precioso, valioso y desconocido- de  la   estatuaria  gaditana  existente   en los  templos  de  la   ciudad. 

       Pero  a pesar de  la  bondad de  la   escultura  de  candelero de  la Virgen del Carmen,   seguimos creyendo que la exacta, para presidir el bellísimo retablo  del templo   carmelitano  de  la Alameda,  es  la llamada de Porta-Coeli, excelente talla de riquísima. policromía  y bello estofado, gracias a Dios todavía como la concibió y creó su autor Antón María Maragliano(1664-1739) (*) 

       Esta iconografía  de  la Virgen,   ha  servido  para  que muchos artistas  contemporáneos nuestros -Félix Granda Buylla,  principalmente- se basaran en sus bellos rasgos y, con ligeros cambios fuera el prototipo de donde salieron tantas inmaculadas o vírgenes madres, que, con ligeras variaciones, han ido llenando las iglesias de España de una iconografía con cierta calidad y aún lejos del almibaramiento que Olot y sus escultores,   daban a sus imágenes de "caramelo.. ." 

       El escultor jerezano Francisco Camacho, que tuvo taller abierto en la plaza de Plateros, al lado de San Dionisio, es asimismo, el autor de un San José existente en la iglesia roteña de la O, escultura que hace en 1735. Para San Marcos jerezano, realiza la Virgen de la Luz y para el convento de los franciscanos de la misma población, un bello relieve de la Encarnación. En el R. Convento de Santo Domingo, un San Vicente Ferrer, flagelante. 

       Pero donde destaca el arte de Francisco Camacho Mendoza, así era su nombre completo, es en la realización de tres tallas; dos de ellas de candelero y una completa lignaria, de Ntra.Sra. del Desconsuelo y San Juan evangelista, imágenes que se bendicen el día 13 de abril de 1713 para la cofradía radicada en la iglesia de San Mateo. Un año después hace la talla- soberbia-del Señor de las Penas, el titular de la cofradía; que se bendice el día 23 de abril de 1714. En ambas ceremonias, intervino el canónigo de la Colegial del Señor San Salvador y antiguo cura de San Mateo, Martín Real Morales. 

       Esta popular hermandad conocida en Jerez por "los judíos de San Mateo", tiene la suerte de poseer sus tres imágenes titulares salidas de la gubia de este excelente y poco conocido imaginero, un artista que estuvo a caballo de dos siglos, el XVII y el XVIII y que dejó la impronta de su arte en otra popularísima imagen como es el sublime Jesús del Prendimiento del templo jerezano de Santiago, talla tenida durante siglos como salida de las manos de la genial Roldana. 

(*) Antón María Maragliano, es el feliz autor de la Virgen del Carmen de Porta-Coeli. La atribución, hasta ahora a Galleano, se ha visto aclarada con motivo de la publicación del libro "Escultura genovesa. Artistas del setecientos en Cádiz, de José Miguel Sánchez Peña, editado en 2006 y donde el investigador y restaurador da la noticia de ser Maragliano el autor de la referida imagen. Por lo tanto rectificamos lo hasta ahora publicado como obra de Francesco Galleano.

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